Yo te condeno!!

Nos pasamos el día juzgando hechos y personas. Juzgamos tanto, que al acostarnos no nos quedan fuerzas para juzgarnos a nosotros mismos y desaprovechamos la oportunidad de buscar puntos de mejora.

Que manía!! Muchas días, mientras escucho las noticias de la mañana sobre casos de corrupción, me reprocho mi inclinación a condenar a políticos presuntamente corruptos por indicios. El gremio político lo pone fácil. Los indicios los “siembra” sutilmente el locutor de la emisora que tenga sintonizada en ese momento. La prensa va poniendo las indicaciones que nos llevan por el camino que ellos quieren y al final… condenado!!.

La verdad es que la situación política se presta a ello, pero casos como el de Rita Barberá me llevaron a reflexionar sobre el ”puenteo” a la presunción de inocencia, pilar que debe ser uno de los que sustente un Estado de Derecho.

Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el nuestro.

Afortunadamente esto dura lo que tarde en espabilar y darme cuenta que hay que estar continuamente en guardia para no ser manipulado por las ondas. Lo preocupante es que también trasladamos a la vida cotidiana esta inclinación a convertirnos en juez, sin haber estudiado la carrera y sin haber hecho oposiciones. No dejamos títere con cabeza.

¿Seríamos capaces de auto-analizarnos con el mismo rigor con que juzgamos al prójimo?

La presunción de inocencia.

No soy jurista, pero todos sabemos que  en un Estado de Derecho, la presunción de inocencia es un principio básico para la convivencia.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos recoge en su artículo 11:

“Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesaria para su defensa”

Es además un principio jurídico penal que establece la inocencia de la persona como regla hasta que se demuestre lo contrario (Bueno, menos en la Comunidad de Madrid  que se invierte la carga en el caso de acusaciones relativas al adoctrinamiento sobre Ideología de Género, y es el acusado quien debe probar su inocencia)

El maestro liendre: De todo sabe y de nada entiende.

Es importante tener opinión sobre las cosas, pero debe ser una opinión elaborada sobre criterios sólidos y no sobre las habladurías de los demás. ¿Cuánto tiempo dedicamos a contrastar informaciones en distintas fuentes antes de crearnos una opinión sobre algo? Hoy todos tenemos la posibilidad de acudir a internet y consultar distintas fuentes -no solo las coincidentes con nuestras ideas sino también las contrarias- antes de crearnos esa opinión.

Eso sí, una cosa es tener una opinión y  otra cosa es condenar taxativamente algo que no ha sido demostrado. Lo más prudente, probablemente, sería permanecer callados y no hacer juicios de valor.

¿Qué pasaría si algún día alguien se arroja delante de nuestro coche y nos acusan del atropello? ¿y si nos acusaran de un fraude que no hemos cometido?, ¿y si nos imputan un adulterio inexistente?…hay infinidad de situaciones de las que podemos ser acusados a lo largo de nuestra vida y en las que nos gustaría que se respetara nuestra presunción de inocencia, entonces, ¿por qué somos tan rápidos en nuestra condena al prójimo?

“No juzques y no serás juzgado”

Y luego, el perdón.Pedirlo y concederlo.

Decimos en el Padrenuestro: “…perdona  nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a quien nos ofende…”

Es mucho más fácil decirlo que hacerlo, ¿verdad? No sé a ustedes, pero a mi hay veces que me cuesta la misma vida perdonar ciertas cosas. No hablo de grandes cosas que puedan pasar a nivel político y que realmente no me inciden directamente en el momento, sino de afrentas de la vida cotidiana. A veces hace falta mucho tiempo para que el dolor provocado por un ataque   personal, fundado o no, desaparezca.

En algún lugar leí que tener cuentas pendientes son como cargar una pesada mochila llena de piedras. El peso se nota más a medida que pasa el tiempo en el que sostenemos esa mochila. Hasta que nos insensibilizamos y ese peso, ese rencor, pasa a formar parte de nosotros. Nos acostumbramos pero el exceso de peso nos impedirá hacer muchas cosas, limitará enormemente nuestra capacidad de movimiento.

Perdonar es como deshacernos de esa mochila, liberarnos del peso. La sensación de alivio nos lleva a no comprender cómo pudimos estar tanto tiempo cargando la mochila inútilmente cuando podíamos haberla dejado.

En los temas que afectan al colectivo social el perdón debe pasar, evidentemente, por el cumplimiento de la pena redentora impuesta judicialmente. Demasiadas veces la vanidosa condena de la sociedad, que no ha respetado la presunción de inocencia, hace pasar a muchas personas, inocentes de la falta que se les imputa, por un calvario.

En los temas personales es la caridad y la misericordia quien determinará el tiempo durante el que cargaremos con la pesada mochila llena de piedras. Y es tan difícil no prejuzgar… y no digamos nada sobre disculparnos cuando nos equivocamos…¿quien no se ha visto alguna vez en una situación como la de este vídeo?

3 opiniones en “Yo te condeno!!”

  1. Por desgracia en este país últimamente es más fácil volver a engañar a alguien que esa persona que ha sido engañada reconozca que ha sido engañado, te pida perdón y rectifique. El orgullo y la falta de humildad junto a la envidia es un caldo de cultivo nefasto para la presunción de inocencia. Si a eso le sumas la falta de valores cristianos donde el perdón es lo más importante. porta te y la falta de esfuerzo para conseguir las metas…ya tienes la falta de presunción de inocencia y acusación de medios seguros que tendrán un montón de borregos sin formación aplaudiendo.

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