¿Cómo tratar a un sacerdote?

El trato continuado con un sacerdote nos puede hacer perder de vista lo que realmente representa. Es terrenalmente humano acabar tratándolo como un colega y perder de vista el carácter sagrado de su misión. Intentar no convertirse en un obstáculo, de forma consciente o inconsciente, para que estos Hombres de Dios desarrollen la labor a la que dedican toda su vida, debe ser una prioridad para nosotros El Padre Miguel Segura L.C. tuvo a bien responder a un ruego que le hice y escribir este artículo que comparto con vosotros. Creo que el tema hace que merezca la pena saltarme la periodicidad de publicación . Espero que os parezca interesante.

Recién llegado de la JMJ, y sin haber dado tiempo a que se recuperara de las intensas jornadas vividas, contacté con el Padre Miguel Segura L.C., conductor de nuestro Núcleo de Vida Cristiana.

Dicen que “la curiosidad mata al gato”, pero los vídeos que tan amablemente habían enviado los componentes de la Expedición Highlands Sevilla a la JMJ me empujaban a informarme de primera mano sobre el éxito de la concentración.

Tras tocar muchos temas y describirme el magnífico y respetuoso ambiente que se instaló en las jornadas, tuve la osadía de pedirle que escribiera un artículo para mi blog sobre la forma de tratar a un sacerdote.

No se ha demorado ni una semana. Muchas gracias!!

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Como tratar a un sacerdote

Por P. Miguel Segura, LC.

“Voy a partir de una experiencia. Llegué a Kazajstán en 1998, vía Moscú, y pude ver cómo miraban al sacerdote en una sociedad postcomunista, es decir, pasada por el ateísmo de estado. Unos meses antes había conocido a Johannes en Roma, un sacerdote de media edad, apuesto e inteligente. Pero cuando aterricé y le vi en Karaganda lucía una barba bastante espesa. Al preguntarle por qué, me dijo: “así las mujeres se enamoran menos”. Efectivamente en una sociedad donde no existe el sentido de lo sagrado ni el hábito de la fe, un sacerdote no es ni más ni menos que un hombre más. Y soltero. Se le mira de la única forma en que se le puede mirar: humanamente.

Por otro lado, no sólo allí, sino en cualquier sociedad parece natural distinguir entre sacerdotes, como lo hacemos con las demás personas con las que tratamos, y hacer de modo inconsciente un determinado “ranking”. Se nos puede clasificar por simpatía, cercanía, comunicación, amabilidad, formación, edad, disponibilidad, carácter… y es natural que congeniemos más con unos que con otros. En algo son más atractivos unos y en otras cosas otros. 

Sin embargo el sentido y la función del sacerdote no reside en ninguna de esas cualidades o limitaciones humanas; comprendiéndolo se percibe también el modo de tratarle.

El sentido y la función de un sacerdote no reside en cualidades o limitaciones humanas.

Esta es la clave: ¿os habéis fijado en que cuando nos preparamos para celebrar la Eucaristía, los sacerdotes nos vestimos todos igual?

Una serie de ropajes van cubriendo nuestro cuerpo: el alba, la estola, el cíngulo, y al final la casulla. Cada uno de ellos tiene su significado, pero en realidad nos ponemos todo eso encima para DESAPARECER, para no ser nosotros los que nos presentemos ante el pueblo, con nuestras mayores o menores cualidades,  sino para dirigir la atención hacia AQUEL a quien representamos: Jesucristo. 

Y nos encanta que sea así, porque cuando escuchas la llamada de Dios en tu corazón sientes el impulso a identificarte con Él. Hay una cierta satisfacción al percibir que las personas miran “a través” de ti para verle a Él y le encuentran. Y también hay una cierta preocupación si percibes que se fijan en ti sin llegar a Él. 

Después de haber dedicado años en el seminario para que tu alma se configure con la de Jesucristo, el deseo de todo buen sacerdote es convertirse en un PUENTE donde cualquier persona de cualquier edad, sexo y condición pueda caminar para encontrarse con Dios aunque sea pasando sobre él. Pero al mismo tiempo exige por parte del sacerdote una prudencia humana y divina para no convertirse en un MURO donde las almas se detengan sea por sus defectos sea por sus cualidades.

El deseo de todo buen sacerdote es convertirse en PUENTE hacia Dios para todas las personas.

Como siempre nuestro modelo es Jesucristo, a Cristo le acusaron de bastantes cosas: de comilón, de borracho, le acusaron incluso de eunuco. Pero nadie pudo acusarle de trato ambiguo en relación con la mujer ¿Por qué? Porque su corazón estaba claramente orientado hacia el Padre, apasionado por su misión, decidido. Por supuesto irradiaba un amor cercano, cariñoso, paternal, pero actuaba siempre sin acepción de personas. Lo mismo podía acercársele a él un publicano corrupto, diríamos un político centro de algún escándalo, como un maestro de la ley (un teólogo), una prostituta, un leproso (impuro) o los niños que también le veían atractivo y simpático (inocentes). Pero el corazón de Jesucristo estaba lleno del amor al Padre: la voluntad del padre. No existe una unión más íntima y poderosa que la unión que hay entre la Segunda Persona de la Santísima Trinidad y el Padre. Por ello nosotros, como sacerdotes, teniendo el corazón orientado totalmente a Dios, lleno de Él, apasionado por su misión, podemos y debemos permitirnos la cercanía, el cariño y la simpatía con todo el mundo, pero al mismo tiempo los fieles deben vernos como reflejos de Jesucristo, como puentes para llegar a Dios, y esto requerirá muchas veces prudencia y evitar cualquier equívoco. Por parte de los fieles en cambio, hemos de generar una mirada no sólo humana hacia el sacerdote; por supuesto deberíamos mostrar afecto, comprensión, apertura y promoción de todas las personas que entregan su vida Dios. Pero no podríamos quedarnos sólo en eso ni solo en el plano humano. El que es simpático y atractivo a sus 30 años lo será mucho menos a sus 90, pero probablemente tendrá mayor santidad de vida si ha sido fiel al amor de Dios. Podrá perder atracción humana con los años, pero sus palabras estarán más llenas de Dios, incluso aunque crezca en su sequedad o limitaciones naturales.

¿Buscamos a Cristo cuando nos acercamos a un sacerdote?

La forma de tratar al sacerdote depende por tanto de la forma de mirarle. Y mirarle de una u otra forma depende de una simple pregunta: ¿Buscamos a Cristo cuando nos acercamos a un sacerdote? Este sería el deseo de cada uno de nosotros, los sacerdotes, desde que entramos al seminario ¿Vemos en él sólo al hombre o al corazón entregado a Dios que nos quiere dirigir hacia Él? Todos los sacerdotes tenemos defectos, pero aspiramos a ser definidos por nuestras actitudes de alma. Ojalá pongamos las luces largas para ver siempre y ante todo la unción recibida en las manos y el don divino que nos capacita para consagrar y perdonar en nombre de Jesucristo, quien nos llamó a este ministerio, y a esa luz todo sacerdote se convierte en el puente capaz de acerarnos a Dios, sin distinciones, clasificaciones ni “rankings”.”

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Este artículo aparecerá en el blog del P. Miguel Segura L.C. en unos pocos días. No obstante, si te ha parecido interesante, difunde a través de tus redes sociales…porque debemos ser hilos conductores de todo aquello que sume en nuestra lucha por el humanismo cristiano.

13 opiniones en “¿Cómo tratar a un sacerdote?”

  1. Muchas gracias Padre Miguel y a Antón por invitarle. Me encanta que recuerde la importancia de la mirada al determinar la forma de tratar. Los fieles tenemos que ser conscientes de que a través de la figura del sacerdote buscamos a Cristo a la vez que facilitamos que él mismo cumpla su misión.

    Muchas gracias y cuenta con mis oraciones para todos los proyectos de este verano

  2. Como siempre interesante. Muy curioso. Siempre había pensado como el Padre. Un conducto a Jesús. Me gusta ver otros puntos de vista y descubrir como otros miran a un sacerdote. Felicidades!

  3. Gracias Anton y P Miguel por compartir esta reflexion en el que nos recordáis a los que hemos recibido el don inmerecido del sacerdocio que llevamos UN TESORO EN VASIJAS DE BARRO. Sin duda el mes de agosto es un mes más tranquilo para poder llevar estos temas a la oración. Abrazos y oraciones.

  4. Es difícil entender esa pasión por la singularidad. Pretender ser puente entre Dios y las personas es despreciar a Dios dando por supuesto que necesita ese ente singular y trasmisor.

    ¿No es más natural ser ejemplo de vida? Vivir como uno más. Tener la propia familia. Entender problemas porque se viven. Parece más acorde con la propia naturaleza del Ser Supremo.

    Sólo veo un entramado de puentes y arcos a cual más defensor de un sistema jerárquico desde el representante en la tierra a el pastor de un rebaño particular de ovejas. Muy miliciano y poco civil.

  5. me parece que hay un error, el unico puente que existe para llegar a dios es jesus que vino a la tierra para salvarnos de la muerte. ellos son hombres pero no son Dios s. nosotros estamos todos!!! llamados a ser santos, a evangelizar a ser el rostro del señor con nuestros actos a ser ministrados por el espiritu santo. yo no soy sacerdotisa pero soy virgen porque honrro a Dios, no porque me lo imponga una religion, Dios no es religion! Dios nos creo para amarnos, Dios creo al hombre y la mujer para una funcion clara. soy catolica, honrro a Dios hasta que el me muestre, y esa es la parte triste, que me enamore de un sacerdote yo no lo elegui, el me invito a servir a personas necesitadas y me enamore de su humildad, de su gran corazon. respeto y admiro su dedicación pero sufro por las normas impuestas por la religion. El amor no es pecado al contrario. me da pena porque las personas hablan desde otra parte yo me siento con el derecho porque yo lo estoy viviendo pero esta todo en las manos de Dios, quizas es una manera de mostrarle a la Iglesia que en ese aspecto estan mal. independente que mi amor sea correspondido o no si existen casos que ellos se enamoran hay que reflexionar somos humanos.

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