Fijando el Norte

 

¿Por qué, “Fijando el Norte?

La tremenda crisis global que estamos sufriendo en la segunda década del siglo XXI es fruto, sin lugar a dudas, de un enorme cambio en la escala de valores de la sociedad contemporánea. La solución a esta crisis con componente económico, político y social, pasa , necesariamente, por una vuelta a los valores objetivos tradicionales.

De un tiempo para acá, notamos como va disminuyendo el peso de las virtudes humanas en la vida pública. En el plano económico se ha instalado un materialismo consumista que sitúa como objetivo principal ser el “más fiero de la selva”; socialmente los intereses individuales se sitúan siempre antes que los comunes; en el plano religioso el relativismo amenaza con arrinconar definitivamente el rigor….

La ingeniería social de la progresía dominante está consiguiendo adormecer el activismo socialcristiano, intentando a su vez imprimir en la sociedad aquellas ideas que la harán desembocar en un nuevo  modelo al servicio de sus intereses.

Debemos recuperar el norte, procurar  contribuir como podamos para que todo vuelva a transitar por el camino de la rectitud, acorde con los valores que nos han sido transmitidos. Porque esa rectitud supone una garantía para evitar el deterioro progresivo de las relaciones sociales.

Los malos hábitos instalados sibilinamente en nuestro día a día por el nuevo orden mundial (NOM), hace que nos volvamos insensibles a actos, costumbres y omisiones que nada positivo tienen que aportar a nuestro tradicional “modus vivendi”, cincelado durante tantos siglos de historia en torno a la cultura judeocristiana.

“Fijando el norte” pretende que reflexionemos, sobre temas económicos, políticos, religiosos, sociales, deportivos… desde el prisma del humanismo cristiano. Sin tecnicismos, sin erudición, con un enfoque asequible a todos nosotros, personas de la calle que constituimos el núcleo de la organización social, núcleo adormecido por el cloroformo mediático con el que nos bombardean desde los medios de comunicación los distintos grupos de presión.

Intenta despertar nuestra inquietud para preguntarnos porqué suceden las cosas, qué criterios deben regir nuestra relación con el entorno, crear un punto de encuentro que nos sirva de brújula para no perder la perspectiva.

No olvidemos que, aunque toda generación debe realizar cambios respecto a la obra que recibe, también tiene una deuda contraída con las generaciones que la han precedido.

Porque existen unos valores atemporales de indiscutible vigencia, que hacen que los engranajes funcionen de una manera más fluida. Porque todos podemos hacer más. Porque la cobardía y la falta de iniciativa no se pueden confundir con la prudencia ¿te apuntas?